Cuando subo a la montaña
Isabel me recibe al alba.
Cuando subo a la montaña
de madrugada.
Isabel que tu niño canta,
salmos nuevos de esperanza,
Isabel que tu niño canta
en tus entrañas.
Isabel que tu niño sueña,
va soñando primaveras.
Isabel que tu niño se marcha
por las riberas.
¡El Jordán baja con fuerza!
corren vientos de protesta,
porque la paja no sirve
como cosecha.
Porque se llenan las aguas
de nubes negras.
El Jordán es penitencia,
el Jordán es nueva senda
donde los hombres no riñen
por sus asciendas.
Donde lo hombres comparten
sus herramientas.
Por decir la verdad entera
porque supo ser profeta,
lo acallaron con cadenas,
lo encerraron en la celda,
y al final de un gran banquete;
Le cortaron la cabeza.
*Del canto de Carmelo Erdozain "entre los nacidos".
Si existe una figura dentro del Nuevo Testamento que me llame poderosamente la atención es Juan el Bautista.
Su función de bisagra y precursor, su figura es la encarnación perfecta de la figura del profetismo y a su vez la adecuada transición entre lo antiguo de Israel y el nuevo nacimiento de los seguidores del Nazareno.
Como lo llegan a afirmar muchos exegetas, Jesús pudo ser un seguidor de Juan, incluso lo eran algunos de sus discípulos, aunque el tema de purificación y restructuración de Israel por parte de Juan choca inminentemente con el Reino que va a proclamar Jesús. A pesar de ello, Jesús presenta a Juan como el mayor entre los nacidos de mujer, el primer martir del nuevo testamento, la voz del desierto que clama libertad, justicia y el perdon de los pecados, la perfecta antesala del Reino de Dios predicado por Jesucristo.
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